De una a otra Guerra, por José Agustín Arrieta

Artículo de opinión sobre la Guerra de José Agustín Arrieta, presidente de la Asociación AGIJUPENS de Gipuzkoa.

La guerra es una terrible humillación para el ser humano, porque ésta significa el fracaso del diálogo, de la negociación y, en definitiva, de la razón. – José Agustín Arrieta, presidente de AGIJUPENS de Gipuzkoa

Vamos saliendo de la guerra de la pandemia del  Covid  y ya estamos en la guerra de Ucrania. Escribo como un hombre de la calle, sin entender nada de estrategias militares y lo primero que me sale es un “no a la guerra y un sí a la paz”.

Reconozco que puedo pecar de ingenuo y que toda esta realidad es más complicada y relativa. Pero las guerras no se ganan, se padecen como los terremotos. En una guerra pierden todos, y no hablemos si se trata de una guerra civil, que es una contienda entre hermanos. Hasta los que “ganan” las guerras, las “pierden”, porque es tal el sufrimiento que comporta que todos los contendientes salen malparados. 

Espero que la mesura de la diplomacia europea, americana y rusa salve a Ucrania. Siento al pueblo de Ucrania más cerca del mundo occidental y más por su historia, religión y por los ucranianos que he conocido aquí.

Las guerras matan y esto es nefasto, pero, aún peor, las guerras degradan de tal forma la conciencia de las personas y de los pueblos que les inducen a nuevos conflictos.

 Uno recuerda aquellos conflictos bélicos del Golfo Pérsico (1990-1991), la guerra de los Balcanes (1992-2001). La guerra es una terrible humillación para el ser humano, porque ésta significa el fracaso del diálogo, de la negociación y, en definitiva, de la razón.

Cuando tienen que hablar las armas en lugar de las razones comienza la tragedia, y entonces, con los terribles ingenios bélicos nacidos de la moderna tecnología, pueden morir miles de víctimas inocentes a la vez que se alza un muro infranqueable de odio y de rechazo entre vencedores y vencidos. Con la guerra todos somos perdedores de algo.

No soy nada original al hablar de paz y guerra, ya que la idea  viene de una obra del novelista ruso León Tolstói (“Guerra y paz”, 1867). Bien sabemos que las palabras humildes son mensajeras de la paz, y las orgullosas, de la guerra.

Y es verdad, ya que la humildad, ciertamente, casa con paz; el orgullo, sin embargo, es lenguaje de discordia y de guerra. Paz y guerra: dos palabras radicalmente opuestas, como justicia e injusticia.

Siento a Ucrania en el deseo y búsqueda de la paz, cosa que veo lo contrario a Rusia, y de manera especial a su presidente Vladimir Putin. 

La guerra es un mal en sí mismo, porque en ella todos, vencedores y vencidos, pierden. No vendría mal recordar aquellos escenarios dantescos de Siria, Afganistán…  La guerra es la consecuencia más desastrosa de una mala política.

La guerra empieza cuando el diálogo político se rompe y, en vez de emplear las palabras, se disparan las armas. La guerra, por tanto, es un fracaso humano total: en vez de ganar la inteligencia vence la fuerza bruta, en vez de prevalecer la razón se impone la violencia.

Me preocupa el horror de la guerra nuclear. La potencia nuclear almacenada en Rusia como en algunos países del mundo es de tal magnitud que, hoy día, una guerra podría acabar con toda la humanidad en el corto espacio de unas horas. Seamos conscientes de ello y empeñémonos en el camino de la paz, una paz sólida basada sobre la justicia y la verdad. 

La guerra, a no ser la de la propia defensa por una injusta agresión, es siempre un absurdo que puede desembocar todavía en un absurdo mayor, que es el de la propia aniquilación. Y siempre pierden los más desfavorecidos que son los niños y los mayores  sean ya ancianos o dependientes o  no tan dependientes.

Después de lo de Ucrania hay momentos en que dudo si el hombre es tan “sapiens”.   Me viene a la memoria una observación del escritor israelí Yuval Noah Harari (1976): “¡Ojo al homo sapiens!”. ¿Es así? ¿Vamos por el camino del pedestal, del poder y del endiosamiento? o ¿puede nacer un mundo nuevo, éticamente más sano y más solidario? 

Es verdad que las noticias de la guerra con sus víctimas e imágenes de destrucción convulsionan y hacen difícil un mundo mejor. Sin lugar a dudas nuestra era es de muchos mayores y pocos niños, de familias reducidas, al tiempo que los avances de la medicina van consolidando la longevidad.

¿Es verdad que la era contemporánea va asociada al cambio y al progreso, al desarrollo y a la superación? Tengo mis dudas. No soy pesimista pero el presente cada vez me resulta más provisional y no acaba de ser totalmente satisfactorio para la existencia del mayor, que sigue sintiendo la necesidad de acogida cálida y participación social. 

Hay momentos en que pienso que nuestro rumbo social y político va equivocado. ¿Aprenderemos de la desgracia de la crisis energética y de Ucrania o necesitamos nuevas catástrofes?

Siento que si el hombre es más sapiens desarrollará más su sentido de protección solidaria. Eso espero. Creo en un Mundo Nuevo, más ético, más justo y sano. Reconozco que hay un elenco de hombres y mujeres que en avanzada edad dieron lo mejor de sí mismos en los diversos campos de la ciencia, las artes, la historia, la política o la cultura.

José Agustín Arrieta, presidente de AGIJUPENS. (Asociación Guipuzcoana de Jubilados y Pensionistas).

2 comentarios en «De una a otra Guerra, por José Agustín Arrieta»

  1. Comparto lo que dice Jose A. Arrieta. A mi también me preocupa la guerra y la salud psiquica de los dirigentes que las deciden, sometiendo a los ciudadanos a tanta perdida y sufrimiento. Siendo pequeña mi familia me llevo a la Argentina entre la guerra civil y la segunda guerra mundial , he regresado hace unos meses. Deseo fervientemente que no sea para otra guerra.

  2. Comparto lo que dice José A. Arrieta. A mi tambien me preocupa la guerra y la salud psíquica de los dirigentes que las deciden, sometiendo a los ciudadanos a tanta pérdida y sufrimiento. Siendo yo pequeña , mi familia me llevó a La Argentina entre la guerra civil y la segunda guerra mundial, he regresado hace unos meses. Deseo fervientemente que no sea para otra guerra.

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