Cáncer y envejecimiento

El envejecimiento es el factor de riesgo individual más importante para el cáncer. El proceso de envejecimiento es complejo, y cada persona envejece a un ritmo diferente. Esto significa que su edad real puede no reflejar su edad fisiológica, la cual puede estimarse de acuerdo a cuán bien funciona su organismo tanto a nivel físico como a nivel mental. La edad nunca debe ser la base para la toma de decisiones sobre el tratamiento.

Cambios físicos asociados con el envejecimiento y su relación con el cáncer

Las enfermedades y las discapacidades, que pueden interferir con el tratamiento contra el cáncer y la recuperación, tienen más probabilidad de ocurrir en los mayores. Por ejemplo, la edad se asocia con una incapacidad gradual para lograr las actividades diarias, como el uso de los medios de transporte y la capacidad de ir de compras sin ayuda o de nutrirse correctamente por cuenta propia. Los mayores que requieren ayuda en estas áreas tienen menor tolerancia al estrés, que incluye el estrés asociado con el tratamiento contra el cáncer. Al entender qué tareas puede y no puede realizar un mayor, es más fácil identificar qué tipo de tratamiento supone el menor riesgo con el mayor beneficio y cuántos cuidados de apoyo necesitará la persona.

Las afecciones médicas graves que a menudo acompañan el proceso de envejecimiento, como la presión arterial elevada, la cardiopatía, la enfermedad pulmonar, la diabetes, la insuficiencia renal y la artritis, también distinguen a los mayores con cáncer de los pacientes más jóvenes. Se conoce como afecciones coexistentes o comórbidas a aquellas que un mayor tiene simultáneamente con el cáncer. Estas afecciones afectan las opciones de tratamiento contra el cáncer y el tipo y la gravedad de los efectos secundarios del tratamiento. Es esencial que los mayores trabajen con sus equipos de atención médica para tratar cualquier afección coexistente y analizar el efecto que podrían tener sobre el tratamiento.

El envejecimiento es el factor de riesgo individual más importante para el cáncer. El proceso de envejecimiento es complejo, y cada persona envejece a un ritmo diferente. Esto significa que su edad real puede no reflejar su edad fisiológica, la cual puede estimarse de acuerdo a cuán bien funciona su organismo tanto a nivel físico como a nivel mental. La edad nunca debe ser la base para la toma de decisiones sobre el tratamiento.

Cambios físicos asociados con el envejecimiento y su relación con el cáncer

Las enfermedades y las discapacidades, que pueden interferir con el tratamiento contra el cáncer y la recuperación, tienen más probabilidad de ocurrir en los mayores. Por ejemplo, la edad se asocia con una incapacidad gradual para lograr las actividades diarias, como el uso de los medios de transporte y la capacidad de ir de compras sin ayuda o de nutrirse correctamente por cuenta propia. Los mayores que requieren ayuda en estas áreas tienen menor tolerancia al estrés, que incluye el estrés asociado con el tratamiento contra el cáncer. Al entender qué tareas puede y no puede realizar un mayor, es más fácil identificar qué tipo de tratamiento supone el menor riesgo con el mayor beneficio y cuántos cuidados de apoyo necesitará la persona.

Las afecciones médicas graves que a menudo acompañan el proceso de envejecimiento, como la presión arterial elevada, la cardiopatía, la enfermedad pulmonar, la diabetes, la insuficiencia renal y la artritis, también distinguen a los mayores con cáncer de los pacientes más jóvenes. Se conoce como afecciones coexistentes o comórbidas a aquellas que un mayor tiene simultáneamente con el cáncer. Estas afecciones afectan las opciones de tratamiento contra el cáncer y el tipo y la gravedad de los efectos secundarios del tratamiento. Es esencial que los mayores trabajen con sus equipos de atención médica para tratar cualquier afección coexistente y analizar el efecto que podrían tener sobre el tratamiento.

La vejez y el tratamiento insuficiente

Aunque el cáncer ocurre más a menudo en los mayores, muchas veces dichos pacientes reciben estudios de detección para el cáncer menos frecuentes y menos pruebas, como biopsias (la extracción quirúrgica y el análisis de una muestra de tejido), que ayuden a determinar el estadio del cáncer. En algunos casos, también reciben tratamientos más leves o incluso no reciben ningún tratamiento, a pesar de que varios estudios han mostrado que el tratamiento contra el cáncer es beneficioso para los pacientes mayores.

Muchos estudios también muestran que las personas mayores de 65 años con cáncer tienen una representación significativamente menor en los estudios clínicos (estudios de investigación sobre humanos) sobre el cáncer, a pesar de que representan la mayoría de los pacientes con cáncer. En ciertos estudios, la atención de menor calidad ha provocado un menor tiempo de supervivencia.

Lo que usted y sus familiares deben sacar como conclusión de estos estudios es que es muy importante pedir información sobre todas las opciones de tratamiento, incluidos los riesgos, los beneficios y los objetivos. Las decisiones sobre el tratamiento contra el cáncer son personales y usted tiene derecho a determinar qué es lo mejor para usted.

Inquietudes emocionales y problemas prácticos

Las personas mayores con cáncer a menudo tienen inquietudes distintas a las de otros pacientes adultos con cáncer, lo cual puede afectar cómo lidian con el cáncer. Estas inquietudes incluyen:

Mantener la independencia. Para muchos mayores con cáncer, la preocupación más importante es ser capaces de cuidarse por sí solos y sentir que aún tienen el control sobre su salud y sus decisiones. El tratamiento contra el cáncer puede afectar la capacidad de cocinar y comer por cuenta propia, de bañarse o lavarse en forma independiente, y de caminar, conducir o acceder a los medios de transporte. Tener que depender de otros para que los cuiden puede ser abrumador e incluso imposible, sobre todo si no hay familiares ni amigos que actúen como cuidadores.

Sensación de aislamiento social. Las personas mayores con cáncer tienen menor probabilidad de contar con un sistema de apoyo, a menudo porque se han mudado a una casa o apartamento nuevos, no viven cerca de sus familiares o han sufrido la muerte del cónyuge, los familiares o los amigos. A veces estar aislado genera sensaciones de depresión y ansiedad, las cuales pueden interferir con el tratamiento. Los mayores también pueden tener dificultades para lidiar con los problemas asociados con el tratamiento contra el cáncer. Pueden aprovecharse recursos de la comunidad, como los servicios de enfermeros visitantes u otros organismos, para que un adulto mayor con cáncer no tenga que atravesar el proceso solo. Los pacientes y los cuidadores deben compartir sus inquietudes con los médicos y los asistentes sociales (en inglés), pues ellos pueden proporcionar consejos y contactos útiles para acceder a los recursos locales.

Inquietudes espirituales. Las inquietudes espirituales y religiosas también pueden influir en las decisiones sobre el tratamiento contra el cáncer. Al igual que ocurre con las demás cuestiones, la comunicación efectiva entre el paciente con cáncer, un asistente social, los familiares y los miembros de la comunidad religiosa puede ser de ayuda.

Inquietudes financieras. Para muchos adultos mayores, la jubilación, la muerte de la persona que mantiene el hogar o los problemas económicos previos a menudo contribuyen a la falta de recursos para cubrir el tratamiento contra el cáncer y los gastos asociados. Es importante analizar las cuestiones económicas con un proveedor de atención médica, porque hay muchos recursos disponibles para brindar ayuda. Limitaciones físicas. Los mayores con cáncer pueden tener problemas médicos que limitan sus habilidades y movilidad físicas (la capacidad de moverse de un lado a otro). Crear un entorno físico seguro en el hogar a menudo ayuda. Ciertas medidas simples, como mejorar la iluminación, despejar el desorden en el hogar, evitar el calzado endeble que no ofrezca apoyo, e instalar barandas de seguridad en las escaleras o en los baños puede ayudar a reducir la probabilidad de que ocurra un accidente o una caída. Un asistente social o el servicio de enfermeros visitantes pueden ayudar a evaluar el entorno del hogar y proponer cambios.

Transporte. El acceso al tratamiento depende de un transporte de confianza. Los mayores que realizan tratamientos contra el cáncer pueden tener dificultades para llegar a las citas con el médico, en particular si la persona ya no conduce o si depende de otros medios de transporte.